Abra usted una
página nueva en Word o en cualquier otro software adecuado para la escritura. El
tiempo estimado del procedimiento puede variar de acuerdo a sus necesidades y estado
emocional. Es recomendable, por tanto, que se asegure primero de que su
posición en es cómoda y de que la iluminación es óptima para la posterior lectura
de sus escritos. Ciertos usuarios aseguran una mejora en la experiencia si ésta
se realiza durante la toma de café, té u otra infusión de hierbas. No obstante,
debe recordar que los líquidos pueden ocasionar daños en su computadora si, por
torpeza, se vierten sobre ella.
Coloque las
manos sobre el teclado de su ordenador. Familiarícese con el tacto de sus
teclas, su posición y con la presión que ha de ejercer para que su equipo
reconozca los comandos presionados. Si la presión ejercida no es la correcta
(por ejemplo, si es excesiva), a la larga puede acarrear problemas graves que requieran
la restauración del sistema a manos de un profesional.
Enfréntese
a la blancura de la página en blanco. Mírela hasta que su pupila se contraiga y
se adecúe a su intensidad, hasta que su retina no pueda percibir nada más que
la página en blanco. Vacíe su mente. Escriba.
Escriba hasta
demostrarse a sí mismo que, de la nada, se puede llegar a algún lugar. Demuéstrese,
por favor, que no siempre hacen falta razones para ejecutar acciones; que de las
intuiciones, el azar, las emociones o el aburrimiento pueden surgir cosas
maravillosas. Observe cómo, de una página en blanco, han quedado finalmente plasmadas
ideas sobre las cuales jamás había pensado con anterioridad. Cuando le
pregunten: “¿y sobre qué escribía?”, usted responderá: “no lo sé, sólo escribía”.
Y, si aun así es usted de los que cree todavía en los planes, las agendas, los esquemas
y los horarios, haga bien de ser cauteloso en seguir las instrucciones
adecuadas para cada procedimiento y de no hacer caso a todo lo que oye.
(Inspirado en "Historias de cronopios y de famas" de Julio Cortázar)