martes, 14 de octubre de 2014

Punto 8. Sobre el destino (pequeña reflexión).

Lunes, 10h de la mañana, espero pacientemente a que llegue mi turno en la recepción del centro de salud de mi barrio, pienso en la razón por la que estoy allí y me hago esa pregunta que –seguro– todo el mundo se ha hecho alguna vez en su vida, “¿por qué yo?”. ¿Por qué me suceden estas cosas a mí? E, inmediatamente, mi mente busca la explicación fácil, esa que se refiere al destino, a que la vida nos antepone una serie de circunstancias por alguna razón última. Luego, me recuerdo a mí misma que he decidido no creer en el destino, por lo que entiendo que o (a) todo se debe al azar o (b) existe algo en mi personalidad, totalmente inconsciente, que atrae este tipo de situaciones. En cualquier caso, las malas situaciones abren también nuevas oportunidades para cambiar todo aquello que no nos gusta. “Some people can look at a mud puddle and see an ocean of ships” (Zora Neale Hurston). Por tanto, sí creo en determinadas circunstancias que, simplemente, nos ocurren (por “a” o por “b”), rompen las paredes y muros sobre los que se asentaba nuestra vida, nos destrozan por dentro y nos llevan necesariamente hacia otro camino. No obstante, no quiero ver ese nuevo camino como mi “destino”; ese nuevo camino se construye, también, andando, no quiero responsabilizar a “la vida” de mis propias decisiones.

“Trepitja fort”. Me hago fuerte, aprendo, me doy cuenta de que soy más valiente de lo que pensaba, de que todas las mujeres somos más valientes de lo que nos hacen creer. “We gain strength, courage and confidence every time we look fear in the face. We must do that which we think we cannot do” (Eleanor Roosevelt). Compruebo que, aunque existen personas buenas y malas, el altruismo no existe. Me doy cuenta de la facilidad con la que emitimos juicios basándonos en nuestros prejuicios (que son muchos) y de lo peligrosos que son. Vivo y me indigno ante fallos en la sociedad que convierten la realidad en una auténtica distopía, en un “mundo al revés” donde nadie querría vivir.

Y esto es solo el principio.