Estos fueron los últimos versos
escritos por el poeta Antonio Machado antes de morir. Iba a escribir alguna
tontería del tipo “aquello en lo que uno piensa antes de morir es en aquellos
recuerdos de su vida que guarda con mayor ternura”. Pero si los pensamientos
que se tienen en vida difieren tanto entre personas, ¿por qué deberían
coincidir a la hora de la muerte? Aunque, sin duda para mí, “estos días azules
y este Sol de la infancia” son los versos que escogería yo también para mis
últimos minutos de vida.
Primavera. Printemps. Por fin “ese cielo azul y ese Sol de la infancia”.
Dicen que no necesitamos conocer
más de doscientas palabras de un idioma para comunicarnos. Aprender un idioma a la fuerza permite discernir qué
palabras son las realmente relevantes, aquellas que realmente necesitas en tu
vida. Nuevas palabras, nueva realidad, mismo Sol, mismo azul de la infancia.
Abro la persiana y ese Sol de la
infancia se cuela por la ventana de mi cuarto e ilumina el parqué. Siempre he
soñado con vivir en una casa con parqué. Los pensamientos (lilas, amarillos y
naranjas) me saludan alegremente desde su maceta al mismo tiempo que los míos propios lo hacen
en mi cabeza. Me desperezo. No empieces a
pensar tan pronto, Laura, tienes un día entero por delante.
Y entonces llega el petit déjeuner, el bonjour, las sonrisas
y el bonne journée. Porque aquí todo
el mundo desea “que tengas un buen día”, lunes incluidos. Pero en el país de le
chocolat, ¿cómo no vas a estar
contento? Porque pudiendo ser tú misma, ¿cómo no vas a ser feliz?
C’est mon petit homeaje à Gèneve.