sábado, 22 de agosto de 2015

La chica que tocaba la viola

7:45 p. m. En quince minutos comienza el concierto en el que tú tocarás con tu cuarteto de violín, viola, violonchelo y contrabajo. Sin embargo, solo tú captarás la atención de la mayor parte del público. Lo harás no solo por la genialidad con la que tocas tu instrumento, sino también por la manera en la que tu cuerpo se mueve con la música que creas, formando un único todo.

¿Sabes? No somos tan diferentes. Tú te mueves con tu música y yo... Yo, inevitablemente, me muevo con tu música. Tú conoces el cómo de antemano pero, aún así, te dejas llevar más por las emociones que por las matemáticas. Porque las dos vivimos en un mundo en el que "dos i dos són dotze" y vestimos esa corbata que Estellés nos construyó a partir de los crepúsculos.

Pero hay una gran diferencia entre tú y yo. Tú conoces cómo prosigue la pieza que estás tocando. Sabes que, después de ese "do", vendrá un "re". Sabes que, en cuestión de segundos, el público te mirará con unos ojos rebosantes de emociones y que tú les corresponderás con los tuyos.

Yo conozco la pieza que estás tocando, pero ya la olvidé como olvido todo. De la última vez solo recuerdo que me emocioné. Me sentí esclava de ti pues solo supe seguir con mi cuerpo el ritmo que tú marcabas con tu música y con tu movimiento. Sentí alegría y sentí tristeza. ¿Y hoy? Hoy vuelvo a sentir esas emociones de nuevo. De nuevo, nuevas emociones pero misma música. De nuevo, esclava de ti por haberme olvidado de tu música. Esclava de las emociones, de la vida.

(Epílogo)

9:00 p.m. La obra ha terminado y sonríes entre los aplausos de nosotros, el público. Nuestras miradas se cruzan durante medio segundo y reconozco en ti la esclavitud. Las tornas han cambiado. Ahora nosotros yo dicto tus emociones. Yo aplaudo o abucheo tu actuación y eres tú ahora quien deja sus emociones fluir en función de mis movimientos.

Dos i dos són dotze. 

lunes, 23 de marzo de 2015

"Estos días azules y este Sol de la infancia"

Estos fueron los últimos versos escritos por el poeta Antonio Machado antes de morir. Iba a escribir alguna tontería del tipo “aquello en lo que uno piensa antes de morir es en aquellos recuerdos de su vida que guarda con mayor ternura”. Pero si los pensamientos que se tienen en vida difieren tanto entre personas, ¿por qué deberían coincidir a la hora de la muerte? Aunque, sin duda para mí, “estos días azules y este Sol de la infancia” son los versos que escogería yo también para mis últimos minutos de vida.

Primavera. Printemps. Por fin “ese cielo azul y ese Sol de la infancia”.   

Dicen que no necesitamos conocer más de doscientas palabras de un idioma para comunicarnos. Aprender un idioma a la fuerza permite discernir qué palabras son las realmente relevantes, aquellas que realmente necesitas en tu vida. Nuevas palabras, nueva realidad, mismo Sol, mismo azul de la infancia.
Abro la persiana y ese Sol de la infancia se cuela por la ventana de mi cuarto e ilumina el parqué. Siempre he soñado con vivir en una casa con parqué. Los pensamientos (lilas, amarillos y naranjas) me saludan alegremente desde su maceta  al mismo tiempo que los míos propios lo hacen en mi cabeza. Me desperezo. No empieces a pensar tan pronto, Laura, tienes un día entero por delante.


Y entonces llega el petit déjeuner, el bonjour, las sonrisas y el bonne journée. Porque aquí todo el mundo desea “que tengas un buen día”, lunes incluidos. Pero en el país de le chocolat, ¿cómo no vas a estar contento? Porque pudiendo ser tú misma, ¿cómo no vas a ser feliz?


C’est mon petit homeaje à Gèneve.  

lunes, 9 de marzo de 2015

Lunes.

Valencia, Barcelona o Ginebra, da igual. Los lunes son duros y ésta es un verdad universal. Quizá es por aquello de "a lo bueno, uno se acostumbra rápido". Dos días -un fin de semana- se convierten, para mí, en una buena degustación de lo que en realidad es la vida. Un pellizco de sal aquí, un trocito de chocolate allá, ahora mojo pan en esta salsa, ahora la combino con esta otra. Cuando acaba la degustación, un golpe de aire frío azota a los comensales al salir del restaurante en el que apenas han pasado dos horas. Dos días. ¿Y después? Después un viento frío que nadie ha ordenado. Un viento frío que no se merecen y que les sonroja las mejillas y les agrieta los labios hasta doler, hasta que logran encontrar cobijo en un refugio que les permita recuperarse.

Y me pregunto, ¿es esto la vida? ¿Es aquello que pasa dos días de cada cinco, seis horas de cada dieciséis?

Y esta es una de las reflexiones que me permito durante estas seis horas. Porque igual que, para mí, dos días son suficientes para degustar la vida, seis horas lo son para tratar de no olvidar nunca la verdadera realidad. Porque los Red Hot Chilli Peppers cantaban esta mañana en mi cabeza aquello de "nunca más quiero sentirme como me sentí aquel día". Porque no quiero irme a dormir sin una buena reflexión. 

lunes, 19 de enero de 2015

My voice against gender violence

La casualidad me ha hecho encontrarme hoy con una charla de Meera Vijayann, periodista india colaboradora en TED. La charla se titula “Find your voice against gender violence” (Encuentra tu voz contra la violencia de género). Independientemente de tu sexo, es totalmente recomendable. Puedes encontrar el vídeo aquí (tiene una duración de diez minutos y dispone de subtítulos en español).

La primera frase del primer comentario del vídeo es la reacción a la que últimamente estoy más acostumbrada. “The speaker is Indian woman. Unfortunately I think that India still have sexual discrimination.” Me permito una traducción libre de su significado en español, que vendría a ser algo así como: “Ellos sí, nosotros no”.

No quiero entrar en la discusión del “pero ellos más”. Aunque los medios de comunicación nos tengan acostumbrados únicamente a la violencia doméstica, en la realidad española existe violencia de género también en otros ámbitos. ¿Y sabéis qué? Influenciada por la charla de Meera Vijayann, voy a hablar en voz alta de algunas de las situaciones que yo misma he vivido en este país.

– A los doce años, un hombre se masturbaba en plena calle mientras nos miraba a mis amigas y a mí. Al darse cuenta de que había sido descubierto, el hombre nos siguió hasta una calle próxima, donde se bajó los pantalones y comenzó a hacerlo otra vez.
He vivido muchas otras situaciones similares, pero menciono ésta porque la considero, sin duda, la peor de todas. En la última –el pasado enero– un hombre se masturbaba en la piscina de un spa mientras nos  miraba y sonreía.

– A los veinte años, un hombre detiene su coche en una calle estrecha y reclama educadamente mi atención. Imaginando que requiere de alguna indicación sobre cómo llegar a algún sitio, me acerco, me invita a subir y descubro que tiene su pene agarrado.

 A los veintidós años, un desconocido se cuela detrás de mí en el patio de mi finca e intenta violarme. El caso fue denunciado a la policía pero nunca identificaron al agresor.

 A los veintitrés años, un hombre me pide ayuda para encontrar a su perro perdido. El hombre me lleva hacia un descampado cercano cubierto de vegetación y me pide que me adentre en él a buscarlo fingiendo que había escuchado allí sus ladridos. Decidí huir en el momento en el que él insistió en que entrara con un “entra, va, no tengas miedo”.

 He sufrido acoso sexual y acoso por razón de sexo en mi trabajo.

Tengo veinticinco años. No vivo en India, vivo relativamente cerca de ti. No creo que mis experiencias sean muy diferentes a las de otras mujeres españolas que prefieren callar por miedo, por culpa o por vergüenza. Por eso, cuando alguien me dice que ya no existe machismo, me pregunto qué parte de ese pensamiento se debe a la negación voluntaria de la realidad o a un verdadero desconocimiento de ésta. Y, en lo segundo, todos somos responsables.

martes, 13 de enero de 2015

Punt i apart. El meu cant a València.

Pense que ha arribat l’hora del teu cant a València.
Temies el moment.
Confessa-t’ho: temies.
Temies el moment del teu cant a València.
(Vicent Andrés Estellés)

Ha arribat l’hora de mirar-te en ulls de qui no sabrà quan tornarà a vore’t. Perquè, malgrat tot el que hem viscut juntes, formes ja part del meu passat. Et contemple ara amb una mirada que mai has conegut. Forta, tranquil•la i confiada. Alegre. Adulta.

Tu també estàs molt canviada. Recorde quan només era una nena i, per la finestra del comedor, et mirava i contemplava els camps de ceba i de carxofes. Recorde quan ma mare em portava a escola pel camí dels cucs, com nosaltres el dèiem. Quin fàstic sentia ma mare pels cucs! Però això no em frenava a l’hora de recollir cucs de terra al pati de l’escola i amagar-me’ls a la butxaca.

I després ho varen asfaltar tot. El pati de l’escola, els camps i el camí dels cucs. Les mares s’alegraren perquè els seus xiquets deixarien d’embrutar-se de pols. I ara veig una gran avinguda amb finques noves on no viu ningú a banda i banda i adornada al centre per una línia de tramvia que poca gent utilitza. La pols ha quedat relegada a descampats delimitats per murs d’alumini on s’anuncien nous edificis per construir. Un centre de salut ací. Una escola infantil allà. Però no hi ha dinés, diuen. Sent dir-te que t’han fet aparentar ser una ciutat que no eres sense adonar-se’n de la teua pròpia bellesa.

Camine ara pels teus carrers i un grapat de records inunden la meua ment. Els matins reivindicatius a l’institut. No als barracons, No a Bolonya. Les vesprades repletes de riures als carrers del barri. Més tard vaig començar a habitar un poble proper al teu nucli urbà. Em sentia aleshores un entre tants que agafen el tramvia i ploren, cada jorn, silenciosament, quasi sense plorar, fins a la parada que dóna nom al meu poeta preferit, a qui tu has vist nàixer i a qui pertanyen aquests versos en cursiva. I vaig tindre la sort de conèixer allí a persones amb qui he compartit i continue compartint curiositats, reptes i il•lusions. També he patit amb tu experiències roïnes que m’han permet fer forats en murs que creia infrangibles. I ara, ara he comprat un spray per a pintar de colors cada mur que s’alce davant de mi amb una frase d’Eleanor Roosebelt, I CAN TAKE THE NEXT THING THAT COMES ALONG.

De segur que trobaré a faltar moltes coses de tu. El blau del teu cel, les temperatures suaus dels teus hiverns, l’alegria de la teua gent, el plaer de la teua gastronomia, la dolçor de les teues taronges, la peculiaritat del teu bioma mediterrani, la tranquil•litat de la teua platja en temporada baixa, el amor de la meua família i els meus amics. Ens vorem, però de tant en tant.  Guardaré aquests records junt amb els meus cucs de terra a la butxaca del meu abric i et promet que els meus llavis dibuixaran un somriure cada cop que els destape.