Hace mucho que no escribo y esta vez quiero hacerlo de una
forma clara, sin florituras, sin vanidad. Estos veinticuatro años me han enseñado muchas
cosas; he experimentado momentos de inmensa felicidad, momentos de profunda
tristeza y momentos en los que la felicidad o la tristeza han pasado a ser algo
superficial. He sabido experimentar el arte en, creo, todas sus formas.
Cuadros, películas, libros, música, Naturaleza, personas e incluso ciencia. Sé
que tengo una visión peculiar del mundo, que encajar profundamente con alguien
es casi una tarea imposible para mí. No obstante, desde pequeña he sido
bastante camaleónica, he sabido adaptarme a cualquier situación mediante la
duda sobre cualquier juicio moral. Al ser tímida y tremendamente insegura,
aprendí rápido a escuchar a la gente, abrí mi mente a una gran variedad de
opiniones y en todas ellas encontré algo de razón. Jamás supe de qué lado
ponerme ante las discusiones, jamás supe juzgar a alguien, jamás me construí
una moral propia sino que me dediqué a seguir
las reglas morales ya establecidas en esta sociedad. Y, hasta ahora, todo
ha resultado tremendamente fácil así.
“Si una gota colma el vaso, otras veces ya es el mar y esta
vez es el mar, ¿lo entiendes?” (LOL). Determinadas situaciones hacen necesaria
una introspección. Hace poco leí que, para alcanzar el éxito, es necesario
primero aceptarse a uno mismo. Y me pregunto yo, ¿de verdad os conocéis a
vosotros mismos? A mis veinticuatro años para veinticinco y en plena crisis
introspectiva he descubierto que todavía estoy conociéndome. Al margen de todas
las críticas que podría hacer a esa frase moralista, creo que es bastante
acertada. No sé si conocerse a uno mismo y aceptarse como tal es la clave para
el éxito pero, al menos, te hace sentir más libre. Y la libertad es, para mí,
una cualidad que te permite vivir la vida como lo que es, un regalo.
"They
judge me like a picture book by the colors, like they forgot to read" (Lana
del Rey)