jueves, 10 de julio de 2014

Punto 7. Sobre las decisiones

Determinadas situaciones hacen que, de pronto, crezcamos. Si alguien que se dedique a la investigación me lee, crecer es algo así como inducir proteína en E. coli; la capacidad de sintetizar la proteína está dentro de las propias bacterias pero se necesita de un inductor (por ejemplo, IPTG) para que comiencen a producirla. Que la proteína salga bien o mal dependerá de diversos factores; del estado en el que se encuentren las bacterias en el momento en que se dé la inducción y del estado y tiempo que se les da para su síntesis. En definitiva, se necesita un estado inicial óptimo y un tiempo determinado para producir una buena proteína.

Crecer no es más que tomar decisiones. Se necesita estar en buen estado para poder tomar una buena decisión; además, al igual que en el caso de las proteínas, se requiere de un tiempo más o menos largo que dependerá de la importancia de la decisión. Tomar una buena decisión en un periodo corto de tiempo es lo que, creo, llaman madurez.  La madurez es, en realidad, una creencia; nadie está preparado para todo tipo de situaciones, nadie sabe cómo actuará ante una situación desconocida hasta que se enfrenta a ella, pero pensar que sí se está preparado y sí se sabe es algo que confiere una enorme tranquilidad. Lo cierto es que, en general, tenemos poco control sobre nuestras vidas (o, al menos, mucho menos del que pensamos). Creo  que la felicidad reside en aceptar las cosas tal cual vengan, en escoger la opción B o C si la A no ha podido ser, en no valorar una decisión como correcta y otra como equivocada, en aprender de todas ellas. Es estar adaptado o morir. El otro día me llamaron "abnegada"; la abnegación es, al fin y al cabo, mi adaptación. 

“But if something did happen, it happened. Whether it's right or wrong. I accept everything that happens, and that's how I became the person I am now.”― Haruki Murakami, Kafka on the Shore

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